Estampó sus labios sobre los míos, silenciando mi protesta, mientras me sujetaba la nuca con la mano libre, imposibilitando cualquier conato de fuga. Me besó con ira y violencia. Empujé contra su pecho sin que él pareciera notarlo. A pesar de la rabia, sus labios eran dulces y se amoldaron a los míos con una nueva calidez.
Le agarré por la cara para apartarle, pero fue en vano otra vez. En esta ocasión sí pareció darse cuenta de mi rechazo, y le exasperó. Sus labios consiguieron abrirse paso entre los míos y pude sentir su aliento abrasador en la boca.
Actué por instinto. Dejé caer los brazos a los costados y me quedé inmóvil, con los ojos abiertos, sin luchar ni sentir, a la espera de que se detuviera.
Funcionó. Se esfumó la cólera y él se echó hacia atrás para mirarme. Presionó dulcemente sus labios contra los míos de nuevo, una, dos, tres veces. Fingí ser una estatua y esperé.
Al final, soltó mi rostro y se alejó.
—¿Ya has terminado? —le pregunté con voz inexpresiva.
—Sí.
Suspiró y cerró los ojos.
Eché el brazo hacia atrás y tomé impulso para propinarle un puñetazo en la boca con toda la fuerza de la que era capaz.
Le agarré por la cara para apartarle, pero fue en vano otra vez. En esta ocasión sí pareció darse cuenta de mi rechazo, y le exasperó. Sus labios consiguieron abrirse paso entre los míos y pude sentir su aliento abrasador en la boca.
Actué por instinto. Dejé caer los brazos a los costados y me quedé inmóvil, con los ojos abiertos, sin luchar ni sentir, a la espera de que se detuviera.
Funcionó. Se esfumó la cólera y él se echó hacia atrás para mirarme. Presionó dulcemente sus labios contra los míos de nuevo, una, dos, tres veces. Fingí ser una estatua y esperé.
Al final, soltó mi rostro y se alejó.
—¿Ya has terminado? —le pregunté con voz inexpresiva.
—Sí.
Suspiró y cerró los ojos.
Eché el brazo hacia atrás y tomé impulso para propinarle un puñetazo en la boca con toda la fuerza de la que era capaz.
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